Pocas comunidades saben contar su historia a través de la arcilla y el amor. En Santiago de Chile se encuentra una pequeña comuna que sí lo hace: Talagante. Cuentan que unas monjas clarisas llevaron esta costumbre de relatar sucesos con personajes de barro. Otros cuentan que la herencia de alfareros les viene desde hace mucho tiempo atrás a los pobladores de esta comunidad, que se dedicaba a la elaboración de objetos utilitarios con arcilla.

Lo cierto es que hoy son las humildes y mágicas manos de las mujeres (que aprendieron este arte de sus madres y abuelas) las que sacan de la greda y la tierra mojada formas de no más de 20 centímetros y que son como inmóviles fotografías coloridas en 3D que materializan las costumbres, los oficios y los trajes típicos chilenos.

A simple vista semejan piezas de un juego infantil: inocentes y delicadas. Es así como se aprecia ante los ojos curiosos de los visitantes la loza policromada de Talagante. Cada figura lleva en sí un relato lleno de detallitos que denotan el esmero con el que observan sus creadoras las escenas de la vida cotidiana.

Pequeños jinetes ataviados a la usanza colonial montados en burritos; Una mujer muy concentrada planchando una prenda, con su pañuelo amarillo en la cabeza y una cesta de ropa que le aguarda al lado; soldados a caballo sosteniendo orgullosos la bandera de Chile; una carreta florida, ángeles, campesinos; las figuritas del nacimiento de Jesús en Belén (virgen, niño Jesús, José, la mula, el buey y los reyes magos); Una mujer inclinada ordeñando una vaca; Un zapatero en plena faena de reparar; Un limpiabotas atendiendo a dos clientes; Una cocinera; Un vendedor de helados artesanales; Una familia de paseo en su caballo… Estos son algunos de los personajes que son representados en las encantadoras piezas de cerámica de las artistas del barro de Talagante.